No tenga miedo de arriesgarse. - Guía de albañilería
No tenga miedo de arriesgarse.

No tenga miedo de arriesgarse.

Donald E. McCauley, Jr.Donald E. McCauley, Jr.

¿Alguna vez se ha sentido tan abrumado con su ritmo de vida que no sabe a ciencia cierta cómo llegó adonde está? Una de las cosas más importantes que he aprendido es a no tener miedo a tomar riesgos o a hacer lo opuesto a lo que la gente piensa que es lo correcto para mí. Tomar un camino diferente no es malo, incluso si tiene que sacrificar las ganancias a corto plazo por las de largo plazo.

A mediados de los 80, estaba ganando el sueldo más alto para un mampostero —un salario de $19 por hora. De la nada, el dueño de la compañía donde trabajaba me ofreció un puesto de principiante como estimador. Era una gran oportunidad, pero tenía sus inconvenientes. El salario inicial era de sólo $10 por hora, sin prestaciones. Esta fue una decisión muy difícil, pues yo me acababa de casar. Esta decisión cambiaría la trayectoria de mi vida, de una u otra forma.

Después de pensarlo mucho y de rezar otro tanto, decidí tomar el riesgo y aceptar el trabajo. Muy pronto aprendí que, si uno tiene una ética de trabajo sólida y no se tiene miedo a invertir tiempo, a mantener una mente abierta y a estar listo para aprender algo nuevo cada día, se puede llegar a lo más alto. Una cosa llevó a la otra y después de aproximadamente cinco años, me había convertido en estimador en jefe y ganaba tres veces más del sueldo máximo como albañil. Cinco años después, me convertí en gerente ejecutivo de proyectos/estimador en jefe, y mis ingresos eran de seis dígitos. Finalmente, hace siete años, mi esposa y yo abrimos nuestra propia compañía de mampostería. Todo esto fue posible porque yo aprendí un oficio.

En vez de tomar el camino tradicional y hacer lo que todos los maestros, asesores educativos e incluso mis padres me decían que hiciera —ir a la universidad— yo encontré mi propio camino. Me habían dicho que la universidad era la única manera en que tendría un futuro, pero yo lo veía como la pérdida de cuatro años de vida y la acumulación de una deuda por una carrera de lo que sea que hubiera estudiado.

La universidad no es para todo el mundo. Creo que necesitamos más diversidad en nuestro sistema educativo para integrar la capacitación en el trabajo. Esa capacitación se ofrece a través de escuelas vocacionales y técnicas. El reto es superar la percepción general que los asesores educativos, la sociedad, los amigos y los padres tienen de estas escuelas. Se cree que asistir a una de estas escuelas significa que no eres inteligente o que por alguna razón eres un ciudadano de clase baja porque te ensucias las manos. Esta percepción tiene que cambiar.

En ningún momento estoy diciendo que la educación universitaria no vale nada. Lo que quiero decir es que no es para todo el mundo. Mi esposa y yo tenemos seis hijos y los estamos criando para que entiendan quiénes son y para que tomen las decisiones sobre su futuro con base en lo que les apasiona en la vida. Me sentiría honrado si uno de mis hijos decidiera aprender mi oficio y seguir mis pasos por una tercera generación, pero sería muy claro con ellos que no están obligados a hacerlo. Lo que realmente hace que una persona sea exitosa es su determinación y pasión por lo que sea que decida hacer en la vida. Si una persona puede mantener estos rasgos de carácter al centro de su vida, podrá tomar cualquier decisión difícil en cuanto al camino correcto que debe tomar en cualquier aspecto de su vida —escuela vocacional, universidad, matrimonio, familia, carrera. He visto a tanta gente con vidas completamente miserables porque hicieron lo que otros les dijeron en vez de ser honestos consigo mismos.

Incluso cuando se elige el camino de una escuela vocacional, yo recomendaría complementar esa experiencia con clases educativas que vayan de la mano con su oficio. No importa qué elija como carrera, siempre sea honesto consigo mismo. Conserve su humildad y recuerde de dónde vino y aprenda algo nuevo cada día.

Mi abuelo alguna vez me dijo cuando yo era un joven, que en la carretera de la vida, si alguna vez me encontraba a la cabeza del resto y decidía desacelerar y contemplar en donde me encontraba, alguien más que hubiera decidido no desacelerar me atropellaría y me pasaría por encima. Así es que mantengan su pie en el acelerador y no tengan miedo a arriesgarse.


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